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Imagen fue tomada en RSPB Bempton Cliffs, en Yorkshire, con una Canon EOS R7 y un objetivo Canon RF 100–500 mm Instagram: @laura\_peyton\_photography: El agua del mar detrás de los alcatraces estaba creando un hermoso efecto bokeh, y me encantó haber po...

Imagen fue tomada en RSPB Bempton Cliffs, en Yorkshire, con una Canon EOS R7 y un objetivo Canon RF 100–500 mm
Instagram: @laura\_peyton\_photography: El agua del mar detrás de los alcatraces estaba creando un hermoso efecto bokeh, y me encantó haber podido capturar este momento de afecto. Le dio a la imagen, en conjunto, una atmósfera de ensueño.
Digital Camera: Una captura en el instante perfecto, con una pose magnífica y una luz increíble.

Klimt, Hokusai y Laura

17 de septiembre, 2026 | Por R10
esenVea el original en españolGo to English Version

Como muchas otras de la vida salvaje, esta fotografía despertó enseguida mi atención. Fue publicada en Digital Camera World, el número 312 correspondiente a Octubre de 2026, en la sección Reader Gallery. Un segmento destinado a dar visibilidad al trabajo enviado por los lectores, sin distinción entre aficionados, fotógrafos emergentes y profesionales consolidados. No parece interesarles un género ni un estilo en particular, sino la creatividad, siempre que encuentre una resolución técnicamente sólida, y la capacidad de capturar momentos verdaderamente singulares. Esto último, no sé por qué, muchos continúan interpretándolo como manifestación de una intuición artística excepcional.

El registro térmico de esta imagen me resultó familiar. Es que son los tonos de mi perro. También la dorada bruma que avanza sobre la paz del cuerpo. Los indecisos círculos de ensueño que se acercan desde el fondo y que los anglosajones denominan 'bokeh'. El término proviene del japonés boke, derivado del verbo bokeru, y que precisa las cualidades de lo desenfocado, de lo borroso y de la blanda ausencia de nitidez. Como empezó a designar lo que disiente del foco, sobre todo los puntos de luz a los que me refiero, no lo sé. Lo traigo a colación solo porque me hace gracia y, aunque me ensucie un poco el comentario, porque la grafía inglesa terminó imponiendo una pronunciación muy cercana al japonés, ya que en inglés boke alude a la arcada, a la sensación de un vómito ineludible.

¿Cómo saltar desde la nausea hasta las cegadoras luminiscencias de algunas telas de Gustav Klimt? O visto desde otra distancia, y más específicamente, hasta el Jugendstil —la Secesión vienesa—, y el simbolismo finisecular.

Dos aves se disfrutan, interactúan —como diría un naturalista— según dicta su biología. Se funden en una sola estructura visual. Sus cuellos y picos se levantan en curvas elegantes sobre un fondo dorado y abstracto que silencia cualquier referencia espacial. Como el coexistir sin problemas, la integración de un par de cuerpos y el oro de la oportunidad y de sí mismos. Salvando distancias siderales El beso de Klimt se organiza sobre un argumento similar.

Gustav Klimt (1862–1918), The Kiss (Lovers) (Der Kuss / Liebespaar), 1908–1909 Oil, gold leaf, silver, and platinum on canvas | 180 × 180 cm Signed lower right “GUSTAV / KLIMT,” Belvedere, Vienna, inventory no. 912.

Gustav Klimt (1862–1918), The Kiss (Lovers) (Der Kuss / Liebespaar), 1908–1909
Oil, gold leaf, silver, and platinum on canvas | 180 × 180 cm
Signed lower right “GUSTAV / KLIMT,” Belvedere, Vienna, inventory no. 912.

Aprovecho para confesar que esta celebérrima pieza no me gusta demasiado. Quizás por el forcejeo, por la retorcida fastuosidad de la escena y por la intensa caramelización de un beso que, a excepción de su primera degustación, es bastante vulgar. Su Danaë me gusta más. Sigue empapándonos con copitos de luz y moneditas de oro, pero nos regala el espectáculo de un jugoso abandono contenido en una espiral de caracol que parece proteger una intimidad vulnerable.

Gustav Klimt (1862–1918), Danaë, 1907–1908 Oil on canvas | 77 × 83 cm, private collection, formerly Collection Hans Dichand, Vienna.

Gustav Klimt (1862–1918), Danaë, 1907–1908
Oil on canvas | 77 × 83 cm, private collection, formerly Collection Hans Dichand, Vienna.

Detrás de todo este despliegue de pirotecnia luminiscente se dejan escuchar las campanillas de lo que hoy conocemos como Japonismus y que un día ofreció sus pechos al Art Noveau trasnacional.

En la fotografía que comentamos, las limpias siluetas, la atenta observación del contorno y la subordinación del escenario al naturalismo de las aves, nos lleva directamente a sus típicas estampas decorativas. Belvedere caracterizó precisamente la obra de Klimt de este período por su determinación ornamental, sus formas aplanadas y la influencia de la estética japonesa.

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Katsushika Hokusai (1760–1849). Cranes on Branch of Snow-covered Pine, late 1820s. Woodblock print, ink and color on paper. The Metropolitan Museum of Art, New York. Public Domain.

Katsushika Hokusai (1760–1849). Cranes on Branch of Snow-covered Pine, late 1820s. Woodblock print, ink and color on paper. The Metropolitan Museum of Art, New York. Public Domain.

Observar cómo Hokusai construye la relación entre estas dos grullas a partir de la proximidad y del contraste entre sus posturas. Una de ellas se muestra erguida, aunque nada atenta, mientras la otra, inclinada, parece atenta a la desatención de la primera. Es un detalle menor, pero resulta curioso que Hokusai lo dejase pasar. Respecto a la composición y desde la Gestalt, el ala que despliega una de las grullas reafirma y encuentra continuidad en la curva que el tronco del pino propone. Este acomoda generoso la cabeza de la grulla distraída y, junto con el ala, cierra un arco impecable que la mirada puede recorrer con un solo gesto.

Las aves, entonces, forman una sola unidad visual. Sin un mínimo gesto afectivo, garantizan al menos convivencia, atención mutua y aceptación o tolerancia al ocupar un mismo espacio.

En lo que respecta a su iconografía, padecía en aquel momento una obsesión casi enfermiza por las grullas, las garzas y, en general, por cualquier ave acuática. Este tipo de estampitas de aves y flores —kachō-ga— fue muy recurrente en Hokusai, Hiroshige y, sobre todo, aunque más tarde, en Ohara Koson. Todos combinaron los gestos de afecto entre dos aves de cuellos estilizados, perfiles precisos y mucho espacio a su alrededor. Puramente atmosférico, se entiende.

Las nuestras no son grullas, ni tan estilizadas. Son alcatraces atlánticos —Morus bassanus, northern gannets—. La autora de la foto las identifica como gannets y señala que fueron encontradas en RSPB Bempton Cliffs, Yorkshire. Pero tienen algo interesante. Las líneas negras alrededor de los ojos y del pico. Me hacen pensar, más allá de la manera de organizar las aves en la composición y la estilización de sus gestos, en una intervención casi caligráfica, en un remate ejecutado con pincel.

Utagawa Hiroshige (1797–1858), Minowa, Kanasugi at Mikawashima, from One Hundred Famous Views of Edo, 1857, woodblock print, ink and color on paper, 33.7 × 21.7 cm, The Metropolitan Museum of Art, New York.

Utagawa Hiroshige (1797–1858), Minowa, Kanasugi at Mikawashima, from One Hundred Famous Views of Edo, 1857, woodblock print, ink and color on paper, 33.7 × 21.7 cm, The Metropolitan Museum of Art, New York.

La Secesión vienesa puede entonces reclamar la sensibilidad decorativa, el espacio desmaterializado, encendido en su fulgurante irrealidad; el österreichische Japonismus, la economía visual, el diseño casi editorial, la común y silente disolución del paisaje.

Japón irrumpe en Viena a partir de la Exposición Universal de 1873, cuando se presentó por primera vez como nación a gran escala. Llevó miles de objetos, arte decorativo, arquitectura, jardines y productos de diseño que causaron un gran impacto en el público europeo. Parte de esos objetos pasó después a colecciones vienesas, incluido el Museo Imperial y Real de Arte e Industria, hoy MAK. A partir de ese primer contacto, el gusto por los patrones decorativos asiáticos, la asimetría, la simplificación espacial y el tratamiento ornamental de la naturaleza fue incorporándose progresivamente al diseño y a las artes aplicadas austríacas. Décadas más tarde, serían asimilados por los artistas de la Wiener Secession, Klimt entre ellos, Josef Hoffmann y Koloman Moser.

La fotografía de Laura Peyton no tiene porque tener mucho que ver con todo lo dicho. Cada fotógrafo encuentra y aprovecha lo que cree que es su 'instante decisivo'. Por mi parte, nunca me gustaron los amarillos ni los dorados. Cuando diseñaba con frecuencia y eventualmente caía en un manos de algún pequeño empresario del Doral o de Hialeah y me reclamaba more glitz—far more, much more, gloriously more: un lluvia vienesa de destellos dorados, me invadía una ira ponzoñosa. Colérico, me apartaba, y me iba a la sobriedad asiática, a la penumbra semántica.

Nuestra fotógrafa: Laura Peyton

Laura entra en el mundo de la fotografía de la vida silvestre por una puerta lateral. Sin una larga genealogía profesional y sin la pretensión de convertir su práctica en oficio, comenzó a dedicarse seriamente a ella en febrero de 2025. Su relación con las aves había empezado un poco antes y de una manera más doméstica. Un video en Instagram sobre cómo atraerlas al jardín la llevó a colocar semillas de girasol y, pocas semanas después, aparecieron unos lúganos —siskins—, pájaros cuya existencia, según ella misma ha contado, ni siquiera conocía. Ese pequeño descubrimiento fue suficiente para arrancar. La curiosidad mutó en una atención cada vez más paciente hacia ese diminuto mundo que revolotea a nuestro alrededor y que tantas veces dejamos pasar.

Una manera decente de entrar en la fotografía, es aprendiendo primero a mirar y después preocuparse por la cámara equipo. Peyton comenzó trabajando con una Canon 80D y un Sigma 150–600 mm. Pasó recientemente a una Canon R7 con un RF 100–500 mm. En las redes ha ido reuniendo una comunidad considerable alrededor de sus imágenes y creó casi por accidente #RobinFriday, después de advertir que cada viernes terminaba publicando la fotografía de un petirrojo. El gesto se convirtió en una costumbre compartida por otros fotógrafos. Es también miembro fundadora de The Wild Den, una comunidad dedicada a la fotografía de naturaleza que reconoce como un espacio importante de aprendizaje y encuentro.

Su vida cotidiana ocurre bastante lejos de la imagen romántica del fotógrafo permanentemente perdido entre campos y aves. Vive en Telford, en Shropshire, Inglaterra. Durante el día trabaja como administradora de sistemas para una compañía internacional de soluciones laborales. Quizá resulte inesperado descubrir que antes de la fotografía estuvo la música. Alcanzó el grado 8 de clarinete durante sus años escolares y llegó a tocar en escenarios como el Royal Albert Hall de Londres y el Carnegie Hall de Nueva York. A su formación musical se suma una personalidad difícil de encasillar. Le gusta la Fórmula 1, la lucha libre y el heavy metal, una combinación que ella asume con humor definiéndose como tomboy. Esa mezcla de disciplina, curiosidad y entusiasmo sin demasiada ceremonia puede ayudar a entender la frescura de sus fotografías. Todavía vive el privilegiado momento de fotografiar lo que la asombra. La alegría de descubrir que, del otro lado de la ventana, hay muchísimo por ver.

Gallery

g\_01: Soga Shōhaku (1730–1781), Cranes, ca. 1760, ink on paper, hanging scroll, 134 × 56 cm, The Metropolitan Museum of Art, New York.
g\_02: Itō Jakuchū (1716–1800), Two Cranes, 1795, hanging scroll, ink on silk, 108.2 × 39.3 cm, The Metropolitan Museum of Art, New York.
g\_03: Tanomura Chikuden (1777–1835), Pair of Cranes in Bamboo Grove, ca. early 1830s, hanging scroll, ink and color on silk, 108.6 × 36.4 cm, The Metropolitan Museum of Art, New York.
g\_04: Utagawa Hiroshige (1797–1858), Cranes and Pine Shoots, 1830s, woodblock print (aizuri-e), ink and color on paper, 35.4 × 16.3 cm, Museum of Fine Arts, Boston.
g\_05: A similar photograph taken at RSPB Bempton Cliffs; photographer currently unknown.
g\_06: A similar photograph by Isaiah V. Rowe
g\_07: A similar photograph by Chris Atkinson
g\_08: A similar photograph by ZM Wildlife
g\_09: A photograph with a highly distinctive, rather unreal chromatic range, photographer unknown.
g\_10: Laura
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