
La fotografía ganadora del Environmental Photography Award 2026 muestra una tortuga verde (Chelonia mydas) nadando bajo el agua, envuelta en un insólito resplandor.
En una primera impresión, la imagen se ofrece bajo el signo de una serenidad casi hipnótica: una tortuga espectral y totémica se eleva sobre un plano confuso, aunque vagamente familiar. Advertimos, con una sorpresa pálida, la huella de una mano humana inscrita sobre su caparazón. Parecen desprenderse de ella filamentos de luz. Por el color, por las iridiscencias que flotan en la mitad superior de la fotografía, tendemos a sacar la escena de lo terrestre para leerla como un espectáculo cósmico. Una metáfora de la vida animal emprendiendo un viaje sanador hacia lo profundo de la galaxia.
La huella no es un artificio digital. En el ZSL Wildlife Forensic Lab de Londres, las doctoras Alexandra Thomas y Louise Gibson desarrollaron un procedimiento basado en polvos fluorescentes que, expuestos a luz ultravioleta, permiten revelar huellas de manos y dedos, rastros de sangre y otros fluidos corporales, incluso residuos de pólvora. La policía ya emplea esta técnica para identificar y atrapar a cazadores furtivos y traficantes de animales.
Britta Jaschinski —la autora de la foto— llegó a ese laboratorio tras décadas de documentar crímenes contra la vida salvaje. Trabaja con las aduanas, la policía y varias organizaciones de conservación. En 2018 fundó, junto con otros, el grupo Photographers Against Wildlife Crime, y en 2023 puso en marcha The Evidence Project. Eso le abrió las puertas de los laboratorios, de los depósitos donde se almacenan las evidencias y lo confiscado, de las unidades que investigan el tráfico. Espacios a los que un fotógrafo de naturaleza rara vez tiene acceso.

El éxito ya le había sonreído antes. Su foto Dusting for New Evidence ganó el Wildlife Photographer of the Year 2024 en la categoría de fotoperiodismo. Es la imagen de un investigador de la Policía Metropolitana de Londres revelando huellas dactilares latentes sobre un colmillo de elefante confiscado, en el departamento de fronteras de CITES. Durante años, buscar huellas digitales humanas en el marfil fue tarea inútil, porque el material poroso las absorbe de un día para otro. Pero el reciente polvo ferromagnético forense permite recuperarlas hasta veintiocho días después de que alguien tocó la pieza. Sobre la tortuga debió aplicarse, probablemente, ese mismo polvo.
Esta es, quizás, la menos obvia de las mil maneras de denunciar el tráfico de animales, las miles de vidas perdidas, el peligro de extinción que amenaza a tantas especies. La mayoría de los fotógrafos elegiría, por supuesto, escenas sangrientas, brutales o melodramáticas. Escenas capaces de causar un impacto inmediato. Esta fotografía padece —o quizás celebre— una enajenación muy delicada. Quizás por ello resultó premiada. Quizás sea menos legible, menos categórica, pero sin duda mucho más poética e intrigante.
Creo que Britta Jaschinski la tomó pensando más en el concurso que en las tortugas. Es una impresión, no es amable por cierto. Pero no tendría nada de reprobable. A casi todos nos importan mas los premios que los quelonios.

Seis de las siete especies de tortugas marinas viven amenazadas por la caza, la destrucción de su hábitat y la contaminación del mar. En esta imagen, una mano humana dejó su marca sobre el animal; a la tortuga la intuyo a salvo. La ciencia puede leer hoy esa clase de marca, establecer patrones y confirmar lo que antes apenas sospechaba.
El Environmental Photography Award lo entrega la Fundación Príncipe Alberto II de Mónaco y este año llegó a su sexta edición. Un jurado internacional de fotógrafos y editores eligió 36 imágenes y concedió siete premios. Cinco correspondieron a las categorías del certamen; los dos restantes, al voto del público y al de los estudiantes. El gran premio, que recibió Jaschinski, se decidió entre las cinco imágenes ganadoras de categoría.

Detrás de todo esto hay una fundación real y una dotación económica. Y detrás de ambas, muchos fotógrafos. Estoy seguro de que a muchos les preocupan de verdad los animales.












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