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Qué precio le pondrías a mi corazón (performance)
Fotografía documental

El día en que Cirenaica Moreira le puso un precio a su corazón

Marzo 7, 2026 | Por Ahmel Echevarría
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Vestida de rojo, parapetada tras una máscara coronada con plumas tan rojas como el vestido, la artista visual Cirenaica Moreira (La Habana, 1969) esperó sentada en una banqueta a que los asistentes a la performance, tijera en mano, cortaran los corazones engarzados a las ramas secas y doradas que sostenía.

Eran treinta corazones firmados. Y enumerados. Para llevarse uno, el interesado debía dejar en un recipiente de cristal la cantidad de dinero que estimara conveniente.

En el salón se escuchaba una selección de música reproducida en loop: Lascia ch’io pianga (Déjame llorar) de George Frideric Händel; Polifemo – Alto Giove de Nicola Porpora; Rêverie de Claude Debussy; el adagio de Tocata, adagio y fuga en do mayor, BWV 564 de Johann Sebastian Bach; Nocturno en mi menor, op. posth. 72, n.º 1 de Frédéric Chopin; La Pasión según San Mateo, BWV 244 (Passio Domini Nostri J. C. Secundum Evangelistam Matthaeum / Matthäus-Passion) de Bach, entre otras.

Era el Sandrell Rivers Theater. Era el 24 de enero de 2025 y la primera edición del Festival de Teatro Independiente donde tendría lugar la presentación de la performance Qué precio le pondrías a mi corazón (2024).

Era, por supuesto, Miami.

Desde diciembre de 2024 y hasta el mes en curso, a Moreira, luciendo ese vestido, se le ha podido ver/leer en diferentes revistas digitales: Rialta Magazine (Tan lejos y tan dramáticas. El teatro irrepresentable de Nara Mansur; https://rialta.org/lejos-dramaticas-teatro-irrepresentable-nara-mansur/ y El diario incómodo de Anaïs Nin; https://rialta.org/el-diario-incomodo-de-anais-nin/) e Hypermedia Magazine (4:48 Times New Roman 12; https://hypermediamagazine.com/literatura/4-48-times-new-roman-12/). Son textos de su autoría. Los llama “ensayos de autoficción”, van acompañados de obras que ha concebido a lo largo de 2024 y 2025.

Qué precio le pondrías a mi corazón (performance)
Fotografía documental

La elección del vestido no es baladí. Implica una toma de partido. El diseño, el color de la tela y el tipo de tejido dialogan no solo con las series anteriores de Moreira.

Si la creación es un continuo proceso de observación, búsqueda, asociaciones, de hallazgos y derrotas incluso cuando se deja atrás el estudio, la galería, el taller o la habitación donde se trabaja, entonces el arte “va transcurriendo” cual procesión, o mejor, cual pensamiento crítico allá donde el artista vaya.

Por si fuera poco, se le pide, o se le sugiere que sea el empresario de su propia obra. Visto así, no habría un momento aislado donde no (se) haga arte, y donde la empresa y “la marca” estén en pausa.

¿Es el vestido rojo una suerte de uniforme de campaña en el nuevo “teatro de operaciones” que ha devenido para Moreira el exilio en los Estados Unidos? En el complejo universo de relaciones, competencia, (nuevos) afectos y (viejas) traiciones, el vestido cual última frontera entre su cuerpo y environment. Entender y extender la performance incluso allí donde se le exige el repliegue, la rendición, el silencio.

Ese vestido “habla” por ella. ¿También “habla” por nosotros? ¿Cirenaica habla por ti y por mí?

Al decir de Moreira, los textos que ha estado concibiendo son su nueva propuesta performática.

Pongamos que el vestido sí le ha servido de segunda piel, aquella con la que ha podido no ya camuflarse, sino habitar desde el arte las adversidades del exilio.

De la serie Acciones viciadas carentes de sentido: Sin título, 2025. Fotografía de Ahmel Echevarría

Sí, adversidad entendida como precariedad, honda tristeza, fragilidad, desesperación, carencia de fe, depresión, hastío.

Llegó el vestido a sus manos como parte de una donación: prendas de segunda mano. Ropas usadas por otros emigrantes. Un enorme bulto que quizá Cirenaica podía reconvertir en atuendos para sus fotos, es decir, utilizarlos en esos escenarios o escenas que recrea, y desde las que inserta, en el contexto de Lo Real, su propia noción del mundo, su “molestia”, su “resistencia” que no deriva precisamente en consignas, respuestas o salmos, sino en interrogante colectiva, al menos eso creo.

Como vestida para interpelar desde una precaria ecuanimidad y desde el silencio, los escenarios de sus fotos ya no serían las habitaciones o exteriores de una casa en La Habana. Cualquier fragmento de Miami, o de Miami Beach, o la sala de un apartamento reconvertida en cuarto, han sido los espacios idóneos para ir registrando en fotos y videos el precio de estar perdido en una traducción y traslación de la vida: de La Habana (Cuba) a Florida (Estados Unidos).

No hay lengua franca o muerta lo bastante exacta para describir, en un único rapto de (in)sensatez, las variaciones y (de)gradaciones de la emigración o el exilio. Hay amores que matan, o lo que es igual a decir: hay pactos que se vienen abajo y asolan cabeza y cuerpo vengan de donde vengan. Acontecen de manera expedita y brutal. Irrumpen envueltos en el decorado de la decencia, la supuesta amistad o fidelidad, de la mano extendida con el aparente ánimo de ayudar o devenir sujeto empático cuando más frágil y descojonado anda el emigrante.

Ante la constante fragilidad y paliza, vestir de largo y de rojo con el propósito de fijar, en la retina del viandante, un glamur que parece tener la pátina de la altivez, también el de la enfermedad o la tristeza sobrellevada.

Tiene el vestido un diseño que hace de Moreira un sujeto transtemporal. Parece reunir en su cuerpo las batallas y derrotas de no pocas mujeres, como si encarnara en ella esas vidas. ¿Cirenaica cual sujeto transcorporal?

Pasemos a una larga enumeración:

Vestida de largo en la International Book Fair de Miami.

De largo vestida en las dunas de North Miami Beach.

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De la serie Acciones viciadas carentes de sentido: Sin título, 2025 (Still de video)

Con el agua a ras del amplio escote en el casi salvaje mar que rompe una y otra vez en las arenas enmarcadas entre la 71 st. y la 73 st.

Agachada bajo el tronco de unos árboles casi tendidos en el césped de un parque en Normandy Isles.

O provocando un alto contraste dentro la inverosímil y baja fronda de unas casuarinas.

Cirenaica, con el ruedo del vestido por encima de las rodillas, muestra esas ventosas que, en vez de estar fijadas al pecho para registrar las líneas alteradas de un corazón medio desvencijado, las ha pegado a las piernas. ¿Acaso busca revelar la atribulación y la intensidad de una decisión más las causas y causantes de la misma? ¿Intenta describir con exactitud la huida, una lidia o el desfallecimiento?

De la serie Acciones viciadas carentes de sentido: Sin título, 2025 (Still de video)

Moreira es la mujer que avanza despacio sobre un césped que tiende al infinito. “Arrastra” consigo un bebé. La criatura ha sido tomada del brazo, cuelga, parece haber sido rescatada de un evento inenarrable.

Pongamos un punto final en la enumeración antes de consignar, con palabras de la propia artista, que estamos ante videos y fotos con un doble propósito: “video memoria” y “video arte”. Los primeros, a manera de making, registran vida y destino y podrían devenir obra de arte. Por lo pronto me atrevería a nombrarlos “páginas de un diario”, ese libro que Cirenaica está escribiendo, una suerte de “arduo diario”.

Tienen las fotos y videos una factura a tono con el tránsito al que está sometido casi todo inmigrante. Supuran, o aparentan segregar, premura y precariedad. Evidencian la ausencia de un espacio doméstico, y la carencia de recursos idóneos en la recreación de escena(rio)s. Sin embargo, ha hecho de esa única y pequeña habitación un “espacio múltiple”.

Ejecutados con un iPhone, los reducidos dpi registran con exactitud lo que bulle en la cabeza de Moreira, lo arrebatado por el sueño, aquello que solo puede vomitarse bajo la forma de un “ensayo de autoficción” machihembrado con fotos y videos. Pero esos pocos dpi no permiten generar un archivo que pueda imprimirse en grandes dimensiones.

Los dpi (dots per inch), más que puntos impresos por pulgada lineal del papel serían las siglas de downsampled personal image o “imagen personal cuya resolución ha sido reducida”. ¿Acaso estamos ante un punto de giro en la obra de Cirenaica, donde debemos incluir otras imágenes en las que no viste de rojo y de largo, pero que alberga esa angustia o deseo plural?

Estas “páginas incómodas” de su diario contienen preguntas aparentemente imperceptibles como las espinas de algunos cactus o vainas, esas que se encajan en los dedos. Solo podrás quitártelas si frotas las manos en el cabello. Quedarán enredadas allí mientras no las barra una buena jabonadura y abundante agua.

Alejada por decisión propia de una cámara Canon o Nikon, se ha situado “dentro del canon” dictado por las producciones de bajos recursos. Sí, “las dpi” de Cirenaica Moreira.

No hay manera de que pase desapercibida allá donde vaya vestida de rojo, vestida como para interpelar. Muchos se vuelven, no pocos la ven pasar. Algunos van a por más y le celebran el outfit.

Con un collar de negras plumas de gallo, o una bufanda roja a lo rabo de gato, ese vestido rojo, acaso segunda piel o última frontera del cuerpo, es una variante de animal print: la piel de una bestia no tanto mítica como múltiple. Es el poder licantrópico de quien pugna por resistir, por sobrevivir, por dejar el registro incómodo de una batalla que no pocos dieron por perdida.

* Este texto forma parte del libro en proceso “Miami Grand Prix”, proyecto que obtuvo una de las becas de resiliencia otorgadas por Artists at Risk en 2026.

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De la serie Acción viciada carente de sentido No. 1 (Still de video)
De la serie Acciones viciadas carentes de sentido: Sin título, 2025
De la serie Acciones viciadas carentes de sentido: Sin título, 2025
De la serie Acciones viciadas carentes de sentido: Sin título, 2025
De la serie Acciones viciadas carentes de sentido: Sin título, 2025
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