
Champion Cherish. By Bastiaan Woudt
Damos por buenas esta clase de fotografías antes de entenderlas. Por eso estamos aquí. Son impresionantes, utilizan el mismo vocabulario formal heredado de Irving Penn y Richard Avedon, las grandes escuelas del retrato de estudio sobre fondo plano. Desde entonces caemos rendidos ante la magia del alto contraste, ante la retirada del segundo plano, del entorno, del contexto. Como si nada de eso aportara a la emoción ni a una lectura más densa.
Estos cuerpos negros se presentan aislados. Si no leemos el texto no nos enteramos de que son seres humanos que viven en aldeas de Zambia, que probablemente las imágenes fueron tomadas en hospitales, que estos niños pueden estar gravemente enfermos. Me dirán que para eso están los textos del curador, del periodista, del crítico de arte. Es cierto.
Estas fotos aparecen en la revista Billionaire, dirigida sin el menor pudor a ultra ricos. No se compra en los kioscos. Funciona como una zona de convergencia entre quienes pagan publicidad para hacerse visibles en el sector, las causas filantrópicas que necesitan donaciones y quienes tienen el dinero y necesitan derivar un poco para cubrir su muy sopesada voluntad filantrópica. Es un circuito cerrado, donde cada movimiento queda regulado por una férrea coreografía.
Pues bien, tenemos a Orange Babies, una ONG con un presupuesto limitado, que necesita fondos. Lo que necesita su directora, Fiona Hering, son resultados. Llegó en 2023 y tiene que demostrar que la organización prospera bajo su mando. Una campaña con Woudt y una aparición en Billionaire pueden silenciar de un golpe a los escépticos.
Bastiaan Woudt, por su parte, quiere aparecer en la revista. Aunque es un fotógrafo consolidado, quiere subir más alto, entrar en el circuito del arte grave, y donar estos retratos lo beatifica, lo confirma como alma sensible investida de causa noble.
La revista, que de entrada espanta por su inclinación al dinero pesado, necesita arrimarse a algo que no sea el consumo de alta gama. Mientras que los que tienen dinero por castigo, necesitan transmitir que su existencia extraterrenal tira alguna vez el ancla donde huele a dolor y miseria.
Todos necesitan capital simbólico, emocional, sentimental si se quiere, y para eso acuden a la historia, emocionalmente espesa, de Thierno Baba Sylla. Este nació en Senegal hacia 1965 y fue fundador y director de Orange Babies hasta que lo sustituye Fiona en 2023. Su infancia estuvo atravesada por un prolongado abuso sexual. A los doce años fue expulsado del hogar. En 1988 deja Senegal, llega primero a París, donde vivió con padres de acogida, y después a Ámsterdam. Allí construye una carrera en el mundo de la moda como agente de maquilladores y estilistas. Cofunda la agencia House of Orange junto a su entonces pareja, John Kattenberg. Vuelve a Senegal en 1998, visita a su padre tras más de treinta años sin contacto.
Y aquí pasa algo relevante. Durante su estancia, una mujer embarazada, y seropositiva, llega a su casa esperando que el padre, figura respetada en la comunidad, la acogiera, o en su defecto buscara una familia que pudiera adoptar a su futuro hijo. Sylla, por miedo a que infectara a toda la familia, aconsejó a su padre rechazarla. De regreso en Ámsterdam, el remordimiento por su miserable actitud, por su papel en la anécdota, fue la fuente energética que lo impulsaría a fundar Orange Babies. A día de hoy aún continúa siendo la imagen emocional de la organización. Tiene alrededor de 60 años y vive en Ámsterdam. Con o sin remordimientos.

Pakachele Girl, 2023. By Bastiaan Woudt
No olvido que este texto va sobre fotografías. Bellas, por cierto. También sobre sus protagonistas, la verdadera harina del caliente pan: los niños zambianos, los eslabones más débiles de la cadena. Nos los venden con nombres en inglés que, con toda seguridad, no son los suyos. Algunos probablemente estén realmente enfermos, otros no tanto, pero todos sin duda fotogénicos. No van a recibir un centavo de la venta de las ediciones limitadas, valoradas en 200.000 euros. Como he dicho antes, apenas son cuerpos en un medio aséptico, sin las distracciones de los contextos geográfico, social y afectivo. Recibirán antirretrovirales y atención médica real. Todos los demás actores de esta red de amor, fundador, directora, fotógrafo, revista, marcas, donantes, extraen algo de la operación. Dinero, prestigio, curriculum, absolución, estatus, posicionamiento. Quizás un día alguno de estos niños reclame el capital simbólico que forjó su candidez. No lo creo.
Las fotos son preciosas.

Pakachele Boy, 2023. By Bastiaan Woudt









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