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Julia y la Amazonía o del rito al cianotipo

7 de mayo, 2026 | Por R10
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La exposición individual Amazonia, que se inaugurará el 22 de mayo, reúne un conjunto de obras producidas por Julia a partir de su trabajo continuado con la comunidad indígena shipibo, en la Amazonía peruana. La muestra se articula en torno a cuatro grupos de piezas y combina acuarela y tinta sobre papel, trabajo textil con bordado, instalación y cianotipo. El conjunto funciona como una serie de reflexiones visuales el uso de las plantas medicinales, la experiencia de la 'dieta' amazónica, la herencia familiar de la artista y su condición de migrante.

Julia es argentina y reside en Estados Unidos desde hace nueve años. Antes de instalarse en ese país vivió en México, de modo que su biografía recorre una secuencia de desplazamientos: Argentina, México, Estados Unidos y, en los últimos años, Perú, donde realiza estancias prolongadas en la Amazonía. La artista no considera estos viajes a Perú como una forma de migración, sino como parte de un proceso más amplio de relación con distintos territorios. Su experiencia migratoria le ha llevado a la conclusión de que no tiene un único hogar, sino varios, repartidos en distintos puntos geográficos. Sostiene con ellos una relación construida a través del paisaje, —entendido no en su acepción estética sino como tierra (the land)— una categoría que incluye a los seres humanos que la habitan.

Esta perspectiva determina el modo en que aborda su trabajo en el Amazonas. La artista insiste en distanciarse de cualquier aproximación colonial al lugar y se sitúa explícitamente en posición de huésped. Llega al territorio para aprender de él, no procede de allí y entiende su estancia como un proceso de escucha. Define su práctica como la intersección entre su propia conciencia, su relación con la tierra y su vínculo con comunidades, y entiende la identidad como algo no fijo, sometido al impacto continuo del pasado, del presente y del lugar habitado.

La 'dieta' shipibo y el trabajo con plantas

La experiencia nuclear de Amazonia es el trabajo de la artista con la comunidad shipibo, un pueblo indígena peruano amazónico que mantiene una larga tradición vinculada al uso de plantas medicinales. Julia trabaja bajo la guía de una maestra shipibo en un centro que funciona, en términos prácticos, como un hospital. La maestra entrevista a los asistentes y, en función de sus dolencias les receta combinaciones específicas de plantas. O Bianco realiza una labor de voluntariado, aprendiendo a preparar las plantas y orientando a otros participantes.

A esta práctica se le conoce como samá —'dieta', en shipibo. Es una experiencia casi monástica, próxima a un retiro de silencio, en la cual, el participante ingiere diariamente plantas no psicoactivas conocidas como plantas maestras — bobinsana, el chiric sanango y el piñón blanco—, en distintas dosis y en diferentes horarios del día. Incluye una restricción alimentaria estricta, sin sal ni azúcar y sin aceite, así como una rutina de levantarse temprano y permanecer en soledad. Tres veces por semana, en días alternos, Los participantes comparten una ceremonia de ayahuasca: la decocción de dos plantas —ayahuasca y chacruna— que constituye la experiencia principal del trabajo shipibo. Esta cultura es, según señala la artista, originaria del trabajo con la ayahuasca, práctica que más tarde se extiende por Brasil, Ecuador y Colombia.

Julia distingue dos planos en este proceso. La 'dieta' funciona como núcleo de reconexión y reconstitución a través de las plantas maestras; la ayahuasca opera en otro nivel, como vía de acceso a una realidad alternativa. Tiene también una función preparatoria: limpia y dispone el cuerpo físico y espiritual del participante para luego interactuar con la ayahuasca. La artista subraya que el trabajo más fuerte no se da en las ceremonias, sino en la disciplina sostenida que demanda el retiro.

No. 1. Amazonia —pinturas

El primer grupo de obras de Amazonia, lo constituyen seis pinturas en acuarela y tinta sobre papel de 16½ por 21½ pulgadas, cuatro verticales y dos horizontales. Fueron realizadas durante la primera 'dieta' de la artista en Perú, entre 2024 y 2025, a partir de fotografías que ella misma tomó en el centro AyaMadre. La técnica combina la acuarela con un trabajo de línea en tinta sobre papel de alto gramaje, no industrial. Cada pieza requirió aproximadamente cinco días de trabajo, con secciones que pudieron ocupar varias horas seguidas de líneas, en un proceso que la artista describe como meditativo y no como un esfuerzo de consideración.

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Esta serie documenta la observación directa de la flora amazónica y la escala excepcional de su follaje. —hojas que superan el tamaño del rostro humano— por el efecto de la abundante lluvia probablemente, lo que la artista identifica como un componente esencial de la experiencia: el modo en que el agua se acumula en las cavidades de las hojas y el sonido que produce al impactar contra ellas. Las pinturas se inscriben en una práctica anterior de la artista, iniciada durante su primera migración a México, cuando comenzó a dibujar plantas a partir de fotografías tomadas en sus paseos, registrando junto a cada dibujo el nombre latino, la coordenada GPS, la fecha y la hora. Aquel conjunto, al que se refiere como su Herbarium, es precedente directo de la serie. Las plantas operan en su trabajo como compañeras y como modelo de resiliencia. Le enseñan a echar raíces y a sostenerse en territorios ajenos, algo que la artista vincula directamente a su condición de migrante.

No. 2. Take care in your dreaming —díptico textil

La segunda obra es un díptico textil titulado Take care in your dreaming, realizado a comienzos de 2025 en Buenos Aires, inmediatamente después de la primera 'dieta'. La pieza fue construida a partir de una funda de almohada que la artista utilizó durante su estancia en Perú. La funda fue cortada en dos y empleada como soporte para una composición que combina cianotipo, bordado y recortes en la tela.

El cianotipo es una técnica fotográfica del siglo XIX basada en una emulsión fotosensible. Cuando el sol incide sobre una superficie emulsionada, tiende al azul, mientras que las zonas cubiertas por objetos opacos permanecen más claras. La artista la utiliza para representar plantas, colocándolas directamente sobre la tela. En el fondo del díptico aparecen las que recogió en la azotea de la casa que alquilaba en Buenos Aires. Imprimió también sobre ellas, imágenes de una serpiente, dos colibríes y flores de toé. Sobre la tela bordó luego la frase «Take care in your dreaming / and love when you can», tomada de una canción del grupo Avalanches que utiliza, en su práctica, como oración. Por último, —a modo de pequeñas ventanas— recortó aberturas en el tejido y las cubrió con recortes cosidos de tul dorado.

El uso de fragmentos de tejidos forma parte de la práctica de la artista desde 2015, cuando los introdujo en la instalación Trapitos al sol. Reaparecieron más tarde en los telones de su exposición individual Under the canopy de 2023 en el CAC. Separados de la pared e iluminados desde atrás, los recortes generan un efecto de luz proyectada que añade una dimensión física al conjunto, que sobrepasa su carácter aparentemente bidimensional. La artista identifica esta obra como un punto de inflexión. Es a partir de ella cuando comienza a tomar más en serio el trabajo textil, formulando un conjunto de reglas operativas para su producción recurrente.

El bordado de la pieza también está inspirado en la tradición shipibo del kené. Las mujeres shipibo consumen desde una edad temprana una planta llamada ipo kené, que les producen visiones en el sueño. Traducen estas visiones en patrones que bordarán durante semanas o incluso meses. Estos últimos se vinculan de la misma forma a los ícaros, cantos que el practicante recibe durante su ceremonia y que cumplen funciones de veneración al mundo vegetal y de protección de los participantes. La artista aprendió a bordar de manera autodidacta, tomando esta tradición como referencia, manteniendo una distancia explícita para no incurrir en una práctica extractiva. Sus puntadas, indica, no reproducen los puntos exclusivos de la cultura shipibo.

No. 3. Luna —los cianotipos iluminados

El tercer conjunto, que titula Luna, lo forman seis cianotipos iluminados sobre papel de acuarela, montados sobre soportes de madera. Tiene su origen en una serie de notas adhesivas con mensajes de aliento que una amiga de la artista, Chandra, le entregó antes de su viaje a la selva. Julia mantuvo esas notas en su tambo —una choza o cabaña básica, a menudo elevada del suelo sobre pilotes— durante el mes que duró su primera 'dieta', y las trajo consigo al regreso. Luna alude al nombre de Chandra, que en sánscrito significa luna.

Las composiciones son simples. Cuadriláteros impresos en cianotipo a partir de plantas procedentes de The Wellness Garden, un huerto que la artista estableció en 2024 en el barrio de Camp Washington. A esas impresiones le añadió plantillas con figuras animales, el jaguar, el búho, el cóndor, la rana del kambó, el colibrí y la serpiente. Salvo el cóndor, todos son animales que se han presentado a la artista durante ceremonia y que considera, en términos de la cultura shipibo, animales de poder. En estas culturas, cuando un animal aparece de forma recurrente en visiones se interpreta como un guía al que es posible invocar para pedir ayuda; en contrapartida, se le debe rendir homenaje a través de la danza, el canto u otras formas de expresión. El cóndor se incorpora a la serie por su papel central en la cosmovisión andina, aunque no haya aparecido aún en las visiones de la artista.

Los cianotipos están iluminados con acuarela y con intervenciones en pan de oro, que incluyen también palabras tomadas de las notas de Chandra. La artista vincula esta serie al trabajo del verbo 'iluminar' como traducción visual: las plantas y la práctica ceremonial iluminan al participante de dentro hacia fuera, y permiten ver con claridad el mundo y a uno mismo.

No. 4. The Dream —la instalación

La cuarta obra, The Dream, es una instalación textil y lumínica que consiste en un mosquitero suspendido del techo. El tejido se encuentra también bordado de serpientes y colibríes recortadas en voile transparente y es iluminado desde el interior con un tubo de luz. La pieza está pensada para ser observada desde fuera.

La elección del soporte tiene una motivación experiencial directa. Durante la 'dieta', el mosquitero fue para la artista un objeto de protección no sólo frente a los insectos, sino también frente a fuerzas exteriores que percibía como amenazantes durante el trabajo con las medicinas. Fue traído por la artista desde Perú y es del mismo color que la utilizada en su tambo. La instalación se propone trasladar la experiencia de un espacio cerrado que protege y que, a la vez, ilumina hacia el exterior.

La presencia conjunta de la serpiente y el colibrí no es decorativa. Ambos son animales de poder en la cultura shipibo y figuras centrales de la cosmovisión andina, en la que existen tres mundos: el Uku Pacha o inframundo, custodiado por la serpiente; el Kay Pacha o mundo de los vivos, custodiado por el jaguar; y el Hanan Pacha o mundo de arriba, custodiado por el cóndor. Al mudar la piel, la serpiente se asocia al proceso de transformación y es una de las formas que adopta el espíritu de la ayahuasca en el proceso visionario, generalmente como boa o anaconda —loa que guarda el proceso de la viña. El colibrí, por otra parte, es el mensajero que puede atravesar y comunicar los tres mundos. En la trayectoria personal de la artista, el colibrí fue el primer animal que se le presentó en una visión, hace varios años, mientras que la serpiente fue el último, durante la 'dieta' de 2024-2025.

I look for Thee: los tres banners

El último grupo de obras que se incorpora a la exposición es I look for Thee, un trabajo textil de 2026 compuesto por tres banners de 20 por 20 pulgadas, en cianotipo, bordado y tul sobre tela. La obra está inspirada en el canto «Door of my heart», de Paramhansa Yogananda, una oración a Dios. La artista emplea con frecuencia letras de canciones en su trabajo, leídas como oraciones, y entiende su práctica artística como devocional en un sentido amplio: un homenaje a las plantas y a los espíritus que la acompañan, en una lógica de reciprocidad que considera característica de los pueblos indígenas y opuesta a las nociones occidentales de autosuficiencia.

En cada banner está bordada la expresión «night and day» y un animal: la serpiente, el jaguar y el cóndor, los tres guardianes de los tres pacha de la cosmología andina. Las impresiones de cianotipo se realizaron en su huerto, el Jardín del Sol, hace dos años, utilizando hierbas cultivadas allí dispuestas en una estructura que evoca un altar, elemento central en la práctica ceremonial de la artista.

Migración, herencia familiar y trabajo manual

El componente textil de la exposición conecta con la historia familiar de la artista. Julia procede de una familia de clase media baja, también de inmigrantes. Su abuela, originaria de Misiones, en el noreste argentino, emigró a Buenos Aires en los años sesenta huyendo de una situación de violencia doméstica. Llegó a la capital con cuatro hijos y comenzó trabajando como empleada doméstica; sus primeros muebles fueron cajas de manzana, y vistió a sus hijos arreglando ropa que recibía de sus empleadores. Fue ella quien enseñó a coser a la artista. Esa herencia está integrada en la práctica como una manera de hacer algo a partir de poco o de aquello que ha sido descartado, una operación que Julia identifica con el término inglés resourcefulness.

Sobre la cuestión de la apropiación cultural, la artista mantiene una posición considerada. Reconoce el riesgo de extractivismo en el trabajo con culturas indígenas, particularmente en un contexto histórico de continuidad colonial, y describe su modo de operar como un intento de devolución y reciprocidad: trabaja físicamente en el centro al que viaja, contribuye con tiempo y labor, y diferencia su práctica del bordado del kené en la medida en que no reproduce los puntos exclusivos de la tradición shipibo, sino una técnica de bordado más general inspirada en ella.

Pintura, repetición y proceso

Por último, Julia describe el sentido que tiene para ella el trabajo manual sostenido —las horas dedicadas a una sección de líneas, las semanas invertidas en un bordado—. Lo asume como una práctica próxima a la escritura automática o al journaling: pintar como un modo de procesar, no necesariamente de ordenar. La repetición no opera en su trabajo como descarga catártica, sino como meditación, como un tiempo en el que el contenido se va comprendiendo en el propio acto de ejecutarlo.

Amazonia se presenta así como un conjunto de cuatro obras articuladas en torno a una experiencia concreta —la 'dieta' shipibo— pero que remite a un marco más amplio: la relación de la artista con el paisaje como huésped, su herencia familiar de migración y trabajo manual, y una reflexión sobre la reciprocidad en el contacto con tradiciones ajenas. La inauguración tendrá lugar el 22 de mayo.

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