
R10 me ha invitado a colaborar con su proyecto. Entendí que, para estar a tono con el ánimo de esta comunidad, deseosa de hallar cierto deleite mezclado con sazón criollo, había que pensarlo al elegir el tema, y también para intentar compartir ciertas notas que no sonaran grandilocuentes, supieran a fórmulas, ni se antojaran veredictos de jurados condicionados por múltiples factores ajenos al propio hecho artístico. Pensé que intentar una exégesis de la nueva entrega de la cantante Rosalía podía pasar por imaginar que la vemos optando por una enjabonadura de primer nivel, si tenemos en cuenta una de las acepciones del término (increpar, o regañar). El legendario jabón, original de Reino Unido, entra a producirse en la segunda década del siglo XX en Estados Unidos. Actualmente, Unilever, es la principal distribuidora del producto a nivel global. Lux, término proveniente del latín lux, de raíz indoeuropea leuk- "luz, luminosidad", parecería, a ratos, un uso sólo circunscrito al ámbito espiritual en esta entrega de la artista madrileña de un álbum que constituye un parteaguas en su carrera discográfica. Sin embargo, diría que su estrategia está tan cuidadosamente diseñada que también flirtea con el mercado, lo esotérico, y la urgencia global de acceder a creaciones donde se instale una comunión con el mundo sensible.
La portada nos adelanta su imagen sentada en la yerba, envuelta en un fular y velo blancos, que la convierten, más que en una santa (figura referida por la propia autora), en una criatura recientemente alumbrada. Y aquí, desde la observación de tales símbolos visuales aflora una de las múltiples inquietudes que genera la entrega musical de la madrileña: ¿para qué sirven los jabones si no es para bañarnos? ¿Habrá acaso acción performativa más urgente, en las actuales coordenadas globales, que explorar la posibilidad de una liturgia que nos devuelva a los terrenos de la fe? Más allá de cualquier posible pregunta generada por esta producción hay que respetar soberanamente la capacidad del artista cuando se desmarca de lo previsible. Eso comporta un valor agregado.
La alusión al jabón de tocador podría atribuirse solo a una jocosidad; sin embargo, pregunto: ¿podría asociarse también con la necesidad vital de revisar una imagen artística donde el duelo se instaló como una suerte de cierre a un proceso de búsqueda dentro de su carrera? Las abluciones han sido, a lo largo de la historia humana, parte fundamental de los rituales que deben afrontarse para alcanzar estados de purificación. Actualmente, el mundo de los afectos se reconfigura de maneras insospechadas. El paso hacia tecnologías digitales ha convertido casi cualquier acto en virtual: hablar, abrazar, amar, y hasta culminar una relación amorosa. El contacto con el mundo natural, la presencia de su cuerpo encima de la yerba, envuelto en este ambiente que conecta con la pureza, invita a remontarnos al Nacimiento del niño Jesús, en un momento donde las féminas apuestan por neohistorizar el pasado, la religión, los tabúes, abogando por un aliento libertario, sin descuidar el candor. Sus ojos cerrados invitan también a vínculos más conscientes con nosotras mismas, a deshacernos del lastre de la imagen externa, al tiempo que es un llamado a la introspección que libera de las molduras sociales.
Me referiré a los videoclips de los temas Berghain y La Perla, por considerarlos heterodoxos en cuanto a soluciones musicales y audiovisuales. Cada uno maneja recursos estéticos dispares, y la manera en que se expresa el proceso de búsqueda existencial hacia estados de paz, y por qué no, la posibilidad de ciertos exorcismos de lo mundano, difiere en cada uno. Por primera vez escucho un corrido que no me provoca huir. La típica utilización de la síncopa dentro del género que contrasta con el pulso regular, como una suerte de “desfase” rítmico que garantiza su carácter bailable, antes siempre me había generado rechazo y estrés.

Apenas sabía quién era Rosalía, mejor dicho, hasta dónde llegaba Rosalía hace apenas unos meses, después de disfrutar de su segundo álbum titulado "El Mal Querer" (2018). En él, la artista mixtura los lenguajes del flamenco-pop experimental, y R& B latino con sonidos urbanos. Ha sido favorablemente recibido por la crítica y fue acreedor de varios lauros por su significativo trabajo de producción. Supongo me topara con él unos años después porque no suelo disponer de abundante tiempo libre para estas lides, y también porque hay ciertos procesos de vida donde una se conecta sincrónicamente con lo que necesitas oír, ver y disfrutar, también en interacción con los procesos y personas adecuadas.
El caso es que una amiga cubana que reside hace muchos años en Córdoba, España, contexto que genera fascinación por la herencia del Al-Ándalus, me hizo llegar hace apenas unas semanas, a través de un posteo en mi muro de Facebook, el video clip de la canción Berghain. ¿Cómo es posible que exista un solo comentario negativo hacia semejante belleza de arreglo musical? Claridad en el discurso, –sin caer en la obviedad–, uso de cualquier cantidad de referencias al universo espiritual: paloma, sagrado corazón, cruz, rosario, Virgen María, animales, introducidas sin maniqueísmos religiosos, sino como puntales existenciales que han acompañado al hombre a través de los tiempos.
La presencia de la orquesta en el hogar en alusión a la música como herramienta sublime, incluso, sin necesidad de mediaciones institucionales o sistémicas (fenómeno de la bilocación), el guiño a la naturaleza en su estado prístino en un intento por reconciliar poiesis y Gaia, como un llamado de atención sobre nuestra manquedad mística, el espacio para la oración que es también el que hemos perdido cuando abandonamos nuestros rituales, son todos códigos universales que, generalmente, nos acercamos a ellos desde una perspectiva maniquea: creencia o religiosidad, cuando en realidad siempre nos acompañaron antes de que Constantino, allá por el 312 d.C, en aquel emblemático sueño tuviera una visión donde se le indicaba que lo usara para obtener la victoria.
Siempre que abordo estos temas recuerdo una anécdota contada por alguien que escuchó una conferencia de un embajador de la Asociación Universal para la Paz en Argentina (UPF) donde el funcionario mencionaba que la cruz representa la necesidad de neutralizar nuestro ego. Por donde quiera que se mire la entrega rosaliana es un homenaje rotundo a la búsqueda trascendental, a la reconexión de alma y espíritu con lo vital. El uso de la meditación, la comunión con la naturaleza, el disfrute de la soledad, el uso de la oración, remiten al bienestar interior, la empatía, la posibilidad de un estado mental no sujeto al mundo material, y que genera un parteaguas en la historia de la música contemporánea al abordar temas universales con una delicadeza y un buen gusto memorables.

Lux is out.
Abluciones jacta est
La mayoría de las religiones y doctrinas utilizan las abluciones dentro de sus liturgias. Al tiempo que escribo lo anterior repaso que, en más de una ocasión, en conversaciones con colegas comentábamos sobre la manera en que los videoclips también han experimentado un descenso estrepitoso en sus presupuestos formales y conceptuales. Probablemente, en la misma medida en que el reguetón ha inundado neblinosamente el campo de la industria musical, ofreciendo oportunidades a artistas mediocres que, desde abyectas movidas de glúteos y asomo invasivo de cuerpos femeninos semidesnudos, ocultan la carencia de voz y, más que eso, de cualquier idea artística que pueda clasificar como medianamente digna, los realizadores y videastas se han desentendido de la realización de aquellos videoclips que nos fascinaban porque llegaban, en ocasiones, a superar el virtuosismo de la canción que lo originaba. ¿Acaso no necesitamos “limpiar, limpiar, limpiar” como diría Beuys, con “baños” y “purificaciones” para acceder a otras narrativas donde lo banal no sea la medida del mundo?
Por su parte el videoclip “La Perla” (ft. Yahritza Y Su Esencia) indaga en la música regional mexicana, específicamente, los llamados corridos tumbados que se mezclan con trap, hip-hop y sonidos urbanos, fusionados también con el pop que, según palabras de la autora, deviene un avant-pop experimental, pues contiene música latina, trap, y electrónica. Sus álbumes anteriores clasifican más dentro del pop tradicional. Lux, en cambio, resulta mucho más ecléctico.
El clip se desenvuelve de manera sencilla. La trama de la historia muestra a una Rosalía vestida con traje de esgrimista que blande con temeridad el florete al final de la primera escena. Sale a la calle, pasea en auto Lamborghini, generalmente asociado a la masculinidad, y representa un símbolo de estatus que suelen exhibir los hombres que se dedican a la música urbana. Se muestra ansiosa, fumando, pasea a sus perros (blanco y negro en alusión al dualismo de marras), carga un kevlar o traje de mordida, diseñado de manera robusta para soportar los posibles ataques del animal en entrenamiento, y que aparece al final de la escena mostrándose absolutamente domesticado. Todas esas situaciones comentan sobre situaciones de violencia, mientras el texto alude a un hombre indolente, sin escrúpulos y de comportamiento narcisista manipulador. En las escenas finales cambia la tramoya hacia un alquiler de patines donde se practica hockey sobre hielo. Se muestra sin las caretas o cascos frecuentes en ambos deportes de combate, en una metáfora sobre su reciedumbre para afrontar las tribulaciones de una relación disfuncional.
Por su parte Berghain (con la colaboración de Björk e Yves Tumor) expone otra arista de Rosalía. Aquí el tejido visual, musical y literario se percibe ensimismado, similar al momento en que se experimenta la sanación tras un período de duelo, sobre todo si hablamos de un álbum que le tomó alrededor de tres años producir. Son comprensibles estos registros heteróclitos en los temas de la artista. Quien ha experimentado un proceso de duelo conoce de sus semejanzas con una montaña rusa. Hay momentos de aparente calma que se corrompen nuevamente por caídas repentinas en nuevos estados de angustia-ansiedad. Hasta que finalmente corres la cortina, similar a la escena del video, y cualquier paisaje parece extraordinario. Ahí aparecen los violines en esta cantata que fusiona lo clásico y lo contemporáneo. La intensidad emocional es parte fundamental de este género musical. Lux se erige en una charla amena y sensata sobre el devenir de la música. Por el espacio que supone ocupen los textos en el blog no me adentro en Mundo Nuevo, otro de sus temas presentados en esta propuesta, donde la artista a través de una iluminación que incomoda reclama a su madre (emblema de la Virgen María) la necesidad de habitar un mundo nuevo para encontrar la verdad.
12 enero (y va haciéndose la luz), 2026



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