
Turistas caminan entre esculturas de hielo iluminadas durante el día de apertura del 35.º Festival Internacional de Hielo y Nieve de Harbin, el 5 de enero de 2019. Imagen tomada de The Atlantic.
Hace frío en Harbin, una ciudad ubicada en el noreste chino. Es la capital de la provincia de Heilongjiang, a orillas del río Songhua. Sus inviernos son largos y fríos. Tres cuartas partes de su territorio tienen frontera con el Extremo —y gélido— Oriente ruso.
Una de las características que más admiro del pueblo chino es su sentido práctico. Hacen maravillas con lo que tienen a mano. En Harbin les sobra hielo, así que se montaron un festival de Hielo y nieve. Hoy es el 'El Festival', internacional incluso, el más grande y el más importante del mundo. Dura aproximadamente dos meses, hasta finales de febrero, a veces, hasta principios de marzo si el clima lo permite. Este año abrió a finales de diciembre, pero la ceremonia de apertura oficial tuvo lugar el 5 de enero.
Su origen se remonta a 1985, cuando era apenas una celebración invernal local; con los años, esa forma inicial se fue hinchando hasta devenir un evento de alcance mundial, marcado por un crecimiento sostenido en escala, complejidad técnica y ambición artística. Esta edición espera millones de personas ansiosas por admirar como barrios enteros se han transforman en ciudades efímeras, levantadas con hielo y nieve prensada. Cada año construyen palacios iluminados que rutilan como diamantes y esculturas monumentales que han terminado por posicionar a la ciudad como un referente universal de arte ambiental efímero.

Turistas visitan la Exposición Internacional de Arte en Escultura de Nieve de Harbin el 5 de enero de 2019. Imagen tomada de The Atlantic.
Tanta nieve que hay en todas partes y Occidente es incapaz de hacer algo similar. El Carnaval de Invierno de Quebec, quizás, pero su escala es meramente urbana. Este es un espectáculo geopolítico. Otro ding en la campanita que nos recuerda las intenciones de China de posicionarse como un líder global en todos los órdenes. No solo en términos económicos o tecnológicos, sino de soft power —cultural y simbólico.
Mientras Occidente tirita de frío y se repliega bajo la manta, China articula una narrativa de suficiencia técnica, espectacularidad estética y organización colectiva. A partir de un recurso gratuito —agua que la naturaleza congela sin facturar— erige una arquitectura liminar entre ingeniería y arte y se despliega más como una experiencia masiva orgánica, estructurada, previsible y asumida por la comunidad como parte de su paisaje cultural, que como un evento excepcional.
La precisión de la ejecución, la iluminación, la seguridad y un cuidadoso mantenimiento durante semanas configuran una imagen de eficiencia que se ejerce incluso, sobre lo transitorio. No son los tiempos de la copia barata. China enfatiza lo propio —su naturaleza, clima, trabajo coordinado— y lo eleva a una nueva dimensión. Se posiciona también, a una velocidad de vértigo, como productora de experiencias culturales excepcionales.

Imagen tomada de The Guardian Weekly, Vol. 214, No. 2.
Estos arrebolados párrafos nacen de un osito que encontré en las páginas iniciales de The Guardian Weekly. Vol 214. No 2. Un panda, faltaba más. Un icono afectivo y reconocible, sobre todo para audiencias familiares e internacionales.
Pero me sorprendió un poco su emplazamiento, tan al norte. Porque el Panda habita mucho más abajo, en los bosques de bambú del centro de China. Ensayo algunas razones: porque es una imagen cultural altamente exportable, poderosa para sugerir dominio y monumentalidad pero lo bastante amable para no resultar amenazante. También que, visto desde la suspicacia, puede oponerse —desde su infantil apariencia— al oso del vecino, al ruso, que ha perdido por cierto mucha gracia desde los tiempos el osito Misha de las Olimpiadas soviéticas de 1980.
En el camino que siguen varias potencias para reconfigurar un nuevo orden multipolar —de liderazgo compartido probablemente—, China es prácticamente inalcanzable como la mayor potencia industrial del planeta. Por volumen, capacidad instalada y control de las cadenas de suministro. Por su infraestructura y tecnologías estratégicas. Este festival, por ejemplo, da fe de sus eventos culturales multitudinarios y multinacionales, de un turismo interno vigoroso y de una creciente capacidad diplomática —que anticipa la 'Nueva Ruta de la Seda'.
Precisamente su sofisticación y enrevesada delicadeza la hacen pesada para el espectador plano. Nada tiene que hacer ante la Wegwerf-Kultur norteamericana. O como la enuncian los franceses engolados: esthétique du prêt-à-mâcher. Esta es sin embargo, la narrativa que se impone en el mundo. Porque el mundo ha sido domesticado y entrenado para consumirla.
Sin embargo, China no parece pretender la imposición de un modelo cultural universal. Dios sabrá que quieren.




















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