
Quizás desde toda la vida, pero en el escenario de la cultura visual contemporánea, lo polémico, la interpelación y la réplica operan como dispositivos de producción simbólica que inciden directamente en los procesos de significación y circulación de las imágenes. Estas controversias, o provocaciones —más allá de situarse en un contexto que, en sí mismo, modela la imago— se constituyen en agentes estructurantes que reconfiguran los espacios de lectura, desarticulan jerarquías iconográficas y redefinen los marcos de interpretación.
Sucede que artefactos ideológicos o signos performativos —surgidos en contextos de extracción popular— adquieren una imprevista densidad semántica al ser inscritos en campos de conflicto político real, mediático o ideológico. Los hay muy banales en apariencia que llegan a cuajar en nodos de condensación discursiva donde convergen, al unísono, identidad y poder.
Desde ese punto de partida… ¿qué podemos ir confirmando? Pues que las redes simbólicas contemporáneas no pueden entenderse como un sistema estable de signos, sino como un entramado dinámico de resignificaciones, interceptado por procesos de apropiación, ironización y conflicto. Y es en este último donde lo polémico funciona como catalizador de visibilidad y como vector de transformación semiótica.
Un ejemplo 'caliente': los daneses han subvertido la gorra Make America Great Again del presidente Donald Trump para enviar un mensaje de claridad insuperable. Groenlandia no está en venta.
Sobre la misma gorra roja —que en mi discurrir suena feo— estampan “Nu det Nuuk”, un juego de palabras que sustituye “Nu det nok” —expresión danesa que significa “ya basta”— por el nombre de la capital de Groenlandia, aprovechando su similitud fonética. Un cambio minimalista que convierte la frase en una declaración irónica y contundente.
Permíteme repetirlo una vez más: Nuuk no está en venta.
Los líderes europeos, los daneses y el pueblo inuit del territorio danés semiautónomo pronuncian un rotundo nej/no/nei/no al delirio de que Estados Unidos pueda apropiarse de Groenlandia ya sea mediante transferencia bancaria o con el uso de la fuerza.
La narrativa estadounidense sostiene que la isla es estratégica para la seguridad de Estados Unidos y que sus aliados europeos deberían comprenderlo y permitirlo. Profundamente molesto por la falta de apoyo fuera de la Casa Blanca a su plan, Trump ha amenazado con nuevos aranceles. Deja entrever sentimientos heridos y un claro malentendido sobre quién decide realmente la concesión del Premio Nobel de la Paz. En un mensaje de texto al primer ministro noruego Jonas Gahr Støre, se queja de que Noruega no lo reconociera con un Nobel por detener “8 guerras MÁS” y afirma que ya no siente “una obligación de pensar puramente en la paz”. “El mundo”, escribió, “no está seguro a menos que tengamos un control completo y total de Groenlandia. ¡Gracias!”
Así las cosas, la radicalización no solo agrava los conflictos políticos, sino que transforma la manera en que leemos y entendemos el campo simbólico que nos circunda. Objetos cotidianos, consignas o gestos pasan a cargar significados también radicales y a funcionar como señales de identidad, rechazo o confrontación. La cultura visual es otro campo de batalla simbólico. Una sola imagen, vista de soslayo, puede activar emociones, reforzar divisiones y moldear nuestra casi siempre neblinosa percepción de la realidad.
¿Es, precisamente en Dinamarca, donde algo huele a podrido? No estoy tan seguro.


If you’re a regular reader of this blog and enjoy its content, you might consider contributing to its upkeep. Any amount, no matter how small, will be warmly appreciated

Founded in 2021, Echoes (Notes of Visual Narrative) invites everyone to explore together the visual codes that shape our world—art, photography, design, and advertising in dialogue with society.

Copyright © 2025 r10studio.com. All Rights Reserved. Website Powered by r10studio.com
Cincinnati, Ohio
Comments powered by Talkyard.