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El epítome de la frialdad andrógina. La portada impecablemente estilizada de Nightclubbing ayudó a catapultar a la cantante Grace Jones al estrellato; la cubierta presentó la fotografía pintada de Jean-Paul Goude, Blue-Black in Black on Brown.

Gato por liebre

Enero 13, 2026 | Por R10
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Netflix emitió el capítulo final de Stranger Things el 31 de diciembre de 2025. Coincidió con el cierre de un año insólito y desmoralizante. Una jugada maestra. Recordaremos para siempre el día en que el arco del Upside Down quedó sellado, la derrota definitiva de Vecna, la clausura —a todos los niveles— de la historia de Eleven: de su poder y de su vida en el plano físico. El grupo de amigos se dispersa como unidad activa. Cada uno toma su camino. Y, sobre todo, se cerró una de las más cálidas ventanas a los increíbles años 80.

Estos comenzaron con la llegada de Reagan al poder. Su toma de posesión tuvo lugar el 20 de enero de 1981. En las oficinas del periódico Granma, el incansable martilleo de las máquinas de escribir no se detenía: imperialismo, guerra fría, “manos fuera de Centroamérica”, “polvo anegado en sangre”… una retórica que hoy sigue intacta.

En los Estados Unidos, el primero de agosto, Mark Goodman presenta MTV. Con su primer video, Video Killed the Radio Star de The Buggles, la industria empieza a rotar hasta ponerse patas arriba. El sonido ya no basta. Hay que añadir una nueva capa, trepidante e incandescente: la imagen. El disco deja de ser exclusivamente musical para volverse un objeto que articula múltiples capas de sentido. Visual, performativa. Toda una arquitectura identitaria. De hecho, el vinilo alcanza justo en este momento su máxima sofisticación estética e iconográfica. Sin ánimo de aguar la fiesta, apenas un año después, en 1982, Sony y Philips pondrán en circulación el Compact Disc.

Aún estamos en 1981. Una Grace Jones de 32 años lanza su quinto álbum de estudio el 11 de mayo, Nightclubbing, de la mano de Island Records. Aparece exactamente en el umbral entre el álbum como objeto y el artista como icono visual absoluto. Mucho de ello descansa en la cubierta. Chris Blackwell, fundador del sello y coproductor del álbum, la encargó directamente a Jean-Paul Goude, que en ese momento, a sus 41 años, vivía su prime creativo.

Blackwell fue quien decidió utilizar una fotografía ya existente, tomada por Goude, y convertirla en la portada oficial del disco, acreditando la obra como “Cover painting by Jean Paul Goude”. La decisión implicó apostar por una imagen radical que rompía con la iconografía disco dominante, pese a las reticencias internas del departamento A&R (Artists and Repertoire).

La portada de Nightclubbing se consolidó como una de las imágenes más influyentes de la cultura visual de finales del siglo XX. No solo por su impacto inmediato, sino por la manera en que redefinió la relación entre música, identidad y construcción iconográfica.

La imagen deja de ilustrar el sonido. La imagen “acústica” —si la expresión tiene algún sentido— es desplazada por la plástica como instrumento central del significado. Condensa de golpe estética, actitud y posición cultural. La figura de Grace Jones sostiene una experiencia significante, construida deliberadamente para operar en el terreno de la ambigüedad y generar, a través de la tensión y de una pose retadora y soberbia, una presencia trascendental.

‘Blue-Black in Black on Brown’, painted photo, New York, 1981

La imagen de Jean-Paul no es fotografía pura, sino una intervenida con pintura (painted photograph), titulada Blue-Black in Black on Brown, realizada ese mismo año. Aplicó manualmente pigmentos azules sobre el cuerpo para acentuar volumen y estructura. En un minucioso ejercicio de geometría corporal, extendió los hombros y estilizó cabeza y silueta mediante pintura manual, corte físico de imágenes y recomposición artesanal. Procedimientos propios de las artes plásticas, no de la fotografía documental. Una década antes del lanzamiento de Adobe Photoshop 1.0.

El resultado es una imagen escultórica, casi arquitectónica. El cuerpo como concepto. Una operación que convierte la androginia en fuerza activa, en figura pública resistente a cualquier lectura unívoca. Su carácter icónico se refuerza por una radical economía visual: nada de distracciones, textos o imágenes complementarias que atenúen su frontalidad desafiante. Esto es lo que hay. El lector debe resolver su incomodidad, su desconcierto o su atracción sin la ayuda de lecturas atenuantes. La estrategia, que en su momento generó dudas incluso dentro de la industria, terminó demostrando que el riesgo visual podía convertirse en capital simbólico.

La portada de Nightclubbing ha trascendido su condición de artefacto musical para integrarse plenamente en la historia de la imagen contemporánea. Su vigencia nada tiene que ver con la nostalgia ni con el fetichismo cultural. Cualquier profesional la vende hoy mismo. Cualquier compañía la compra. Su voz sigue siendo audible en los debates actuales sobre género y sobre la construcción del cuerpo como lenguaje.

Si la veo en una cubierta de Vogue, me como el gato y me sabe a liebre.

Otra audaz imagen de Jean-Paul Goude ilustró la portada del álbum Warm Leatherette de Grace Jones, publicado en 1980.

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