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El medallón no sale de casa

Enero 13, 2026 | Por R10
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El Museo Británico ha lanzado una campaña para quedarse el Corazón Tudor, un aparatoso colgante de oro vinculado a Enrique VIII y Catalina de Aragón. Su objetivo es evitar que caiga en manos privadas y desaparezca de la vista.

Localizado en Warwickshire por un aficionado de la detección de metales en 2019, quedó automáticamente sujeto a la Treasure Act de 1996. Esta legislación establece la obligación de declarar todo hallazgo que pueda ser considerado tesoro de relevancia nacional. Los descubridores reciben una recompensa por incorporar estos hallazgos al acervo histórico nacional. Este sistema, gestionado por el Portable Antiquities Scheme (PAS), ofrece a museos y galerías de Inglaterra una vía para garantizar que los museos tengan prioridad a la hora de adquirir objetos únicos y de relevancia y así salvaguardar la historia.

La institución espera recaudar 3,5 millones de libras esterlinas antes de abril de 2026 e hizo un llamado público para alcanzar este objetivo y evitar que la pieza deje de estar al alcance del público.

El deslumbrante colgante en forma de corazón —realizado en oro de 24 quilates— ofrece una curiosa visión del matrimonio entre Enrique VIII y Catalina de Aragón. Une la rosa Tudor con el símbolo de la granada de Catalina. Debajo, una banda lleva la inscripción tousjours, el antiguo francés para “siempre”, una conmovedora declaración de unión eterna. La realidad es que  el matrimonio duró 24 años, fue el más largo de la vida del monarca y dio forma a la incipiente corte Tudor. Catalina se convirtió en su socia de confianza y, en varias ocasiones, obró como regente durante las ausencias del octavo.

No ha sobrevivido ningún otro objeto que celebre la relación entre Enrique y Catalina. La mayoría se perdió en el tiempo. El Corazón Tudor resulta así un testigo histórico excepcional, que da fe del lujo del primer reinado de Enrique VIII y de la conveniencia de una unión que, no obstante, fue anulada en 1533.

El Museo sugiere que el robusto colgante pudo ser creado para un torneo, en octubre de 1518 que celebraría el compromiso de su hija, la princesa María Tudor, con el heredero del trono francés —el delfín Francisco de Valois. Enrique encargaba con frecuencia joyería ceremonial de uso efímero para sus grandes celebraciones y actos de Estado. Las lucían mientras podían algunos miembros de la corte para montar un espectáculo de fastuosidad pensado para neutralizar cualquier atisbo de moderación.

Total, el delfín se murió antes, en 1536. La princesa María terminó casándose con el vallisoletano Felipe II en 1554. Felipe tenía 26 años, María 37. No parece que Enrique mandara a fundir un segundo medallón. ¿Para qué tentar al demonio?

PD.

El Julia Rausing Trust, fundación filantrópica privada del Reino Unido, creada en memoria de Julia Rausing (1962–2019), donó medio millón de libras!

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